Antes de la decisión

Todo empezó después de ser mamá. Subí mucho de peso y, con esfuerzo y cambios en mi alimentación,
logré bajarlo. Aun así, mi cuerpo no volvió a sentirse como antes. La piel del abdomen seguía muy flácida,
y yo sabía que el ejercicio no podía resolver eso.

Aunque el deseo de hacer algo estaba claro, el miedo también lo estaba. Siempre he sido muy miedosa con
cualquier procedimiento. Pensar en una cirugía ya era difícil; pensar en viajar para hacerlo, aún más.
La distancia, lo desconocido y la idea de estar lejos de casa me generaban muchas dudas.

El acompañamiento: no sentirme sola, aun estando lejos

Lo que cambió todo fue el equipo. Desde el primer contacto sentí que no estaba sola,
a pesar de ser una paciente internacional. Luisa, mi asesora, estuvo presente en todo momento:
clara, cercana y muy empática.

Me explicó cada paso con paciencia, respondió mis preguntas y nunca sentí presión.
Tuvimos comunicación constante, incluso a la distancia. Cuando viajas para operarte,
eso marca la diferencia: no sentirte como “la paciente que viene de afuera”,
sino como alguien realmente acompañada.

“Cuando estás lejos de casa, que alguien esté pendiente de ti lo cambia todo.”

El especialista: confianza antes que promesas

Conocer al Dr. Daniel fue un punto de calma. Mi primera impresión fue muy positiva:
una persona humilde, sincera y transparente. Me dio mucha tranquilidad sentir que hablaba
con honestidad, incluso cuando algo no era necesario.

Antes de operarme, lo que más necesitaba era confianza, seguridad y claridad.
Nunca sentí afán ni promesas exageradas. Sentí respeto por mi proceso y por mis tiempos,
y eso confirmó que había tomado una buena decisión.

El día de la cirugía

Llegué nerviosa, como era de esperarse. Viajar para operarme fue un reto emocional importante.
Pero poco a poco me fui calmando cuando el equipo me habló, me explicó y me hizo sentir tranquila.

Después de la cirugía, todo salió bien. Recuerdo ese día como el momento en el que confirmé
que había encontrado al equipo correcto, incluso estando lejos de mi país.

Recuperación y transformación

Durante la recuperación me sentí muy bien cuidada. El equipo de enfermería fue cálido,
atento y humano. Mi enfermera de postoperatorio, Angie, fue excelente: dedicada,
cercana y con una verdadera pasión por su trabajo.

Mi recuperación fue mucho mejor de lo que imaginaba. Jamás pensé que sería tan llevadera,
sobre todo siendo paciente internacional. Cada cuidado y cada detalle me hicieron sentir segura.

Más allá del cambio físico, lo que realmente cambió fue mi autoestima.
Hoy me siento orgullosa de haberlo hecho, de haber viajado, de haber confiado
y de haberme atrevido a dar este paso por mí.

“El miedo siempre está, pero cuando confías en el equipo correcto, todo se siente diferente.”